domingo, 2 de mayo de 2010

Crítica sin crítica.

“hemos deseado instaurar un gobierno que sea superior en crueldad a todas las tiranías criminales…”
El mismo de siempre, El mismo de Nunca.



Al sentarme a escribir estas tonterías iluminadas por mi triste lámpara de mesa, una epifanía me ilumina la calva y se cuelga de mi barba y me digo: el futuro tiene cara de lata porque seguimos repitiendo el pasado que desconocemos.

Hemos involucionado 50 tristes años, y comenzamos a preocuparnos por el color de nuestra camisa, y no por el triste color gris de nuestra soledad, que nos hace votar por la mayoría, por la masa, por la aceptación…

Hace 50 años, las balas volaban y los palos golpeaban porque una camisa roja, o munas medias azules se asomaban temerariamente en las plazas públicas. Hoy creemos que avanzamos, porque ya sin armas más que la temida voz del vulgo arrumado e incoherente, somos capaces de sacar corriendo entre 70 u 80 pela-gatos a tres tristes tigres que vestidos de naranja intentaban comprar votos por un futuro que no existe, con el ritmo rimbombante de un acordeón y unos cueros que buscaban llamar la atención de un pueblo que no piensa sino en qué pasará cuando la guerra se acabe. ¡Compréndalo! En este país del sagrado corazón no hay guerra, por lo tanto nunca se va a acabar algo que no existe. Lo que hay es un problema de falta de cultura, y no precisamente de la que propone “el profe”, sino de la que nos hemos librado haciendo de los colegios y las universidades espacios donde la conversación más profunda es sobre el fútbol, las novelas, o los simpsons. (Atención, no niego la misión altamente importante de los tres, reniego de los que seguimos hablando de lo mismo, como yo.)

Es triste ver como el nuevo roji-azul limitante de-mentes es el verde. No se sorprenda pero es el momento de pensar, no de tragar cuentos propuestos. Y no hablo que la respuesta no sea Mockus, hablo de que la respuesta no es Nadie. Sólo usted, sólo yo, no hablemos de nosotros porque entre nosotros lo único que hemos aprendido es a señalarnos como estúpidos que no se dan cuenta que un dedo que apunta, es un fusil que no humea.

Por lo tanto, como todos sabemos, y lo queremos negar como ciegos, es que esto no va a cambiar. ¿O es que usted va a dejar de robarse la señal de internet de cuanto modem pueda? ¿O acaso va a dejar de pedir rebaja en los buses? ¿O va a desaprovechar el papayazo de un teléfono, portátil, reloj, o cualquier otro artículo de mediano lujo, que se encuentre por la calle y lo va a llevar al CAI más próximo con la esperanza de que se lo entreguen a un invisible dueño? No me haga reír, usted y yo somos lo mismo. Descendemos de los mismos bárbaros, de los mismos cavernícolas que se mataban por un poco de fuego.

Somos pecadores, y deberíamos aceptarlo para empezar a expiar nuestras tristes culpas. Aquí no necesitamos una cabeza que piense por todos, un mesías que venga y nos arregle los problemas como plomero que llamamos por teléfono. Aquí lo que necesitamos es que nos enseñen, y tener deseo de prender.

Por favor, si va a defender un candidato, que no sea porque está de moda, tómese el trabajo de leer por lo menos las propuestas, y ahí si diga que lo defiende. Si no, ¿cuál es el problema con seguir el régimen? Hace 4 años nadie se lo preguntó, y siguió. Hoy usted pregúnteselo y critíqueme si quiere, pero por favor, ¡regálese 5 minutos para pensar! Que no piensen por usted, no sea imbécil.


"Mockus saca a Santos de la Javeriana" (¿?)

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