lunes, 26 de abril de 2010

AQUÍ LA POESÍA, ALLÁ LA POLICÍA


"a Elmo Valencia"

Aquí habita el dios del trueno que ilumina nuestras blancas alas,
Allá la luz grandiosa es una vela de cien pesos.
Aquí no se perdona el silencio que allá se ordena,
Allá la voz reinante es la del tirano que nos causa risa.

En este lugar el cuerpo y el alma combustionan hasta crear una grandiosa explosión de versos,
En ese lugar se estremecen con los escatológicos rastros de doctrina que se fermenta en sus cabezas.
En este paraíso pordiosero no hay un dios más peligroso que mímismo,
En ese simpaticón galpón retórico defienden a los que se creen poderosos y son mendigos en mi reino.

Es allá donde Onán reina porque no hay con quién,
Es aquí donde se ríe y fornica en una hoja o servilleta o suela de zapato o campo
de maíz.

Aquí somos galaxias geniales que crean y caminan,
Allá una estrella o por mucho tres soles en sus hombros (¡pobres diablos!)

En su obscuridad son los pesos, y el de mucho peso, los que mandan,
En este escondido lugar, andando sin un peso, y hasta famélico o panzón, se es el
rey del mundo.

Por allá se respira el humo de un alma que se quema y queda en cenizas,
Por acá el alma arde para arrojar a las piras del olvido tratados sagrados.

Concluyendo:

A este lado los excesos nos hacen libres.
A ese otro, desde la tristeza de sus uniformes nos miran con la envidia y suspiran por sus mujeres... que nos desean.

Este y el otro lado son irreconciliables.



JANGAHE
Abril de 2004

Los ekisistas… (Génesis Ekisista)

Y desde los rincones de una vida agusaneada por coyunturas y cuestiones de compromiso, se ha fermentado el germen del arte, que renace en medio de la decadencia y la podredumbre de falsos profetas y caudillos, poniendo en su alma el juramento secreto y místico de servir a motivos egoístas y filantrópicos o exterminadores. De ese proceso químicoartístico se levantan como gusanos inmortales los artistas EKISISTAS que hoy le damos al mundo la oportunidad de temblar ante nuestra sorpresiva aparición y que sin pelos en la conciencia declaramos:

Que somos ante todo artistas hipócritas que vivimos con los demás dentro de la sociedad en la que luchamos por pasar inadvertidos sin alcanzar el éxito que realmente no anhelamos. Solemos sentarnos en el sillón papal con ideas geniales en la mano. Frente a un trozo de papel nos corrompemos, dejamos brotar nuestros pensamientos, eyaculamos ideas y nos masturbamos con la profundidad o estupidez de cada renglón o verso, sacamos el Mr. Hyde que llevamos dentro que se dedica a exaltar el amor y otras porquerías que no lo son.

Somos los hijos bastardos de poetas del pasado, somos pocos con el corazón y el espíritu y del pueblo desilusionado y burlesco. Nuestras letras son producto del asco que nos produce el amor y el amor que nos produce el asco. Reconocemos a la mujer y a la poesía como fuente inagotable de amor sin lujuria, de lujuria sin amor y en el más perfecto de los casos como una mezcla adictiva de ambos, dando como resultado el orgasmo cósmico que nos negó la naturaleza, porque nos aficionamos a otras cosas antes que a ella, que nos rechazó con un miedo virginal que le hizo imaginarnos escribiendo versos desnudos o haciéndole el amor a otra mujer que nos parecía más deseable.

Nos orgullecemos de ser ateos e ignorantes gramaticales, profetas de nuestro propio caos literario. Sólo creemos en la métrica del universo, los parámetros del espíritu y la musicalidad de un alma oscurecida, propia de un artista EKISISTA No pertenecemos a nada diferente a la vida y a los placeres carnales o espirituales que ella con las piernas y la conciencia abiertas está dispuesta a ofrecernos.

Somos los quijotes de la era internauta, creemos en la ciencia de la imaginación y en el amor, nos gustan las historias de magia negra en que los vampiros recorren los fríos asfaltos urbanos, protegiendo su malvada integridad con el manto nocturno tejido por la luna y su hija, quien al igual que nosotros alucina secretamente con el sensual brillo de su madre, deseando una incéstica, lésbica y selenita fornicación.

Hemos dejado junto a nuestra ropa interior, sucia y roída por el tiempo, la creencia en causas justas o injustas. En el pasado se quedó la internacional, el padre nuestro y el himno nacional; la pertenencia huyó cuando intentamos hurgarle entre las piernas y nunca más volvió a llamar o a escribir. Hemos dejado de desear cambiar el mundo, entendimos que es imposible invitarlo u obligarlo a que se destruya, se ignore o se corrompa, porque solito y sin ayuda ha encontrado ese camino. Tampoco podemos incitarlo a ser bueno, a amarse, a que busque la redención o que retome los santos caminos de alguna doctrina, el mundo ya se negó esa otra oportunidad. No nos queda más que reírnos en su cara de lo que es, de sus tradiciones, o de sus sueños.

Hoy el concepto de comunidad o la idea de una nueva sociedad no nos suena a nada diferente que masa amorfa y estúpida, que se confinó a la ignorancia o las causas perdidas. Los invitamos a quemar en la hoguera del desprecio al capital, la constitución, el catecismo y la biblia; los libros que se mancharon con sangre cuando le violaron al pueblo su buena voluntad. Ahora tiemblen porque somos gotas de tinta negra nacidas de una peligrosa nube de H2SO4 que caeremos como látigo espinoso para castigar de manera exquisita las mentes vestidas de gris o rosa por el sucio vicio de odiar la soledad del individuo y buscarla en doctrinas e “ismos” igual de ridículos.

Ahora que salimos de la guarida de las convenciones, atacaremos a traición la retórica y la política, la religión y el silencio. Cruzaremos el umbral de lo censurado, fornicaremos con nuestro arte, nos embriagaremos con el sentimiento mientras alucinamos y nos intoxicamos con cada verso o renglón que brote dentro de esta, nuestra lógica de poetas divertidos.

LOS POETAS EKISISTAS